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Marcela Trujillo: Sentirse en casa, gracias al dibujo

MARCELA TRUJILLO: SENTIRSE EN CASA, GRACIAS AL DIBUJO

Publicado el 11 de Abril de 2018 en Entrevistas


Sin pudores, la dibujante e historietista Maliki nos habla de su amor por el cómic, lo que necesita transmitir en su trazo y el poder de las emociones en un relato.

Por: Andes Ilustrado

Desde siempre, la casa de infancia de estuvo poblada por historietas y animaciones. El Pato Donald, Tío Rico, Tribilín y Condorito eran los favoritos, pero en especial La Pequeña Lulú. “Somos tres hermanas, así es que Lulú era nuestra heroína, inteligente, curiosa, divertida, con sentido común y buena amiga. A mi hija mayor la llamé Lulú en honor a ella”, relata la dibujante chilena Marcela Trujillo.

No solo eso, también tenía fascinación por los monitos animados que daban en la televisión. Mister Magoo, Los Picapiedras, Los Súper Sónicos, Tom y Jerry, Piolín, El Correcaminos y Porky, son solo algunos de los programas que acompañaron su infancia. Aunque probablemente los que más impacto tuvieron, fueron Heidi y Marco. “Cuando se juntaron los dibujos con el drama, aluciné. Llorábamos tanto con Marco que mi mamá nos prohibió verla”, recuerda.

Y aunque de madres perdidas aún no ha hablado Maliki en su trabajo, si la hemos podido ver incursionando en el drama en sus diferentes publicaciones. Complejos físicos, decepciones amorosas, pérdidas y reconstrucciones emocionales, son parte de los temas que han dado fuerza a su trabajo durante estos años. 

Marcela Trujillo para El Mercurio

“Cuando empecé a dibujar a Maliki 4 ojos en los mini cómics en NYC me fui con todo a contar mi vida privada sin pudor ni normas de estilo, influenciada por los libros de Cómic de mujeres, la mayoría autobiográficos y confesionales. Leerlos me dio la idea de utilizar mis experiencias de vida como guiones de cómic y no precisamente mis logros, o lo cotidiano, sino las cosas que no me resultaban, las penas, los desengaños y  sobre todo las pasiones, el goce sexual, la relación con el cuerpo, el diálogo directo con mi persona como mujer, un acto de consciencia que no había hecho con mis pinturas, o al menos nunca a ese nivel”.  

Y así fue como Marcela abrió su intimidad al mundo. “Lo autobiográfico siempre me gustó, leía autobiografías, veía documentales, me gustaba mucho lo real sublimado como metáfora del ser humano y la idea de que lo especial no es lo increíble, sino lo personal, el relato honesto desde el corazón, desde las emociones, no solo de la cabeza”, confiesa.

Aunque claro, probablemente lo más característico de su trabajo sea el tono gracioso con que cuenta sus historias: “Siempre me ha fascinado el humor y la ironía en todo y el cómic tiene mucha cabida para el humor, no tanto como la pintura, así es que eso me incentivó a contar mis historias de una manera divertida, riéndome de mis propias desgracias, transformando el drama en comedia, amo eso del cómic”.

No fue solo en lo que decían sus personajes, sino también quiso llevar al extremo sus dibujos. “Cuando empecé a dibujar cómics autobiográficos lo primero que hice fue contar no solo lo contable sino lo incontable. ¿Qué pasaría si me dibujo teniendo sexo en muchas posiciones y más encima disfrutándolo?, ¿qué pasaría si me dibujo llorando a mares?, ¿qué pasaría si me dibujo vomitando? Y así. La única manera de saberlo era dibujándolo. Y me di cuenta que generaba mucha atención, que se reían, que me pedían más, aunque también  generaba rechazo, críticas y prejuicios”, relata.

Para Trujillo todo sirve, todo es material válido a la hora de sentarse frente al papel. “Como artista visual siempre he mirado como si mis ojos fueran coladores donde filtro las cosas y me quedo con la pulpa, lo hago inconscientemente porque es mi material de trabajo. Y con los cómics es lo mismo.  Aprendí a valorar el presente. Todo puede convertirse en cómic. Todo es una historia, no tiene que ser una aventura mágica o mesiánica para que la valore y la atesore, solo tiene que conectarme emocionalmente y eso es lo que me importa y es lo que le enseño a mis alumnos”.

Marcela Trujillo

Para ella, las historias que valen la pena contar son las que nos conectan con nuestras emociones, las que nos importan y no las que les importan a los demás. “Nosotros somos los mejores editores de nuestras historias”, dice y agrega: “Los extranjeros que leen mis cómics pueden no solo enterarse de los pormenores de mi vida, también pueden entender cómo funciona una relación romántica, la maternidad, el divorcio, ser profesora, el carrete o la depresión en una mujer adulta en Chile en esta década. Pero eso es tarea de los otros, yo cuando dibujo o pinto no pienso en eso. Nunca lo he hecho”.

('Ídolo, una historia casi real' es la primera novela gráfica de Marcela Trujillo)

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